arte
Adriana Salazar
Las maquinas de Adriana nos hacen reflexionar sobre las acciones humanas en el diario vivir y nuestra forma mecánica de actuar ante las situaciones mientras esperamos que la vida pase…
¿Háblame de tus estudios, lo que haces en la vida diaria y porque terminaste haciendo estas maquinas? Estudié Bellas Artes en la Tadeo. Desde que hice mi tesis de Grado empecé a trabajar sobre el movimiento, a experimentar con esculturas que se mueven y que actúan. Desde ese momento he seguido trabajando con este tipo de obra: me interesé cada vez más por el comportamiento humano y por cómo éste se puede traducir en una máquina. Además de esto, trabajo como diseñadora de ropa y dueña de una tienda de diseño independiente, y estoy terminando mi Maestría en filosofía.
¿De qué se trata la obra?
Cada obra es una máquina que realiza una acción humana concreta, y que transforma esta acción en otra cosa. Por lo general las construyo de manera artesanal, con piezas hechas a mano y pongo mucho cuidado en el diseño y la forma que tienen. El modo en que se mueven también en importante: las máquinas realizan sus acciones de manera repetitiva, y a veces torpe. Así, intentan mostrar que los humanos, cuando actuamos, nos equivocamos y nos comportamos mecánicamente.
¿Qué quieres expresar a través de esta obra? Me interesa mostrar varias cosas con mi trabajo. Primero, me interesa mostrar al cuerpo como algo frágil, por eso construyo las máquinas con piezas muy delicadas y mucho énfasis en los detalles. Me interesa también hacer una crítica al comportamiento mecánico que adoptamos a lo largo de la vida, por eso se mueven de manera repetitiva y hacen cosas absurdas: a veces hacen cosas fuera de contexto, o interactúan entre ellas, o se mueven demasiado despacio, o intentan realizar una acción y siempre fracasan.
¿Bajo qué criterio escoges la actividad que la maquina va a realizar?
Busco las acciones más sencillas dentro de la vida cotidiana, como enhebrar una aguja, amarrar un zapato, encender un fósforo, o limpiar el polvo. También busco momentos de interacción social, y extraigo las acciones que las personas realizan en estos momentos: fumar, brindar, conversar, o servir. Para algunas obras me preocupo por buscar acciones que se realicen colectivamente, como los movimientos que se realizan en una multitud o en una batalla.

¿Qué artistas te han inspirado?
Durante un tiempo estuve estudiando la obra de Jean Tinguely. El trabajó con chatarra y construía máquinas inútiles en los años cincuenta, y tiene unas piezas que me impresionan mucho: son máquinas que se autodestruyen y que funcionan una sóla vez. Busco también mucha inspiración en el diseño, y en la música: los experimentos que se hicieron en música con máquinas en los ochenta, de grupos como The Art of Noise, o la música Punk de los setentas, también me ha dado muchas ideas. Chaplin, en el cine, es también muy importante para mi obra.

¿En donde se podría catalogar tu obra, bajo que concepto artístico?
No son esculturas y tampoco son instalaciones. Me gusta pensar en estas máquinas como algo cercano a las artes vivas, al performance, al teatro o a la danza.
¿Dónde has expuesto?
En varios museos y galerías, desde hace más o menos 7 años: la última exposición que tuve fue en Seúl, en el Korea cultural Center. He estado también en Madrid, en Rio de Janeiro, en Puerto Rico, en Eslovenia, en Québec, en Miami y en Buenos Aires. El próximo mes haré una exposición en Sao Paulo con varios artistas jóvenes de Colombia.

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